MACHUPICCHU MARAVILLA DEL MUNDO
MACHUPICCHU
Presentación Después de casi un siglo de su descubrimiento arqueológico, gracias a estudios recientes de los archivos documentales del siglo XVI, existen buenos argumentos para suponer que la ciudadela de Machu Picchu fue -como las pirámides de los faraones de Egipto o la tumba del emperador Chin Shi Huan de China- el lujoso y bien cuidado mausoleo del inca Pachakuteq, el fundador y primer emperador del Tawantinsuyu.
Nadie duda de que se trataba de un santuario de rango superior levantado en un lugar privilegiado a siete u ocho jornadas a pie de la ciudad del Cusco. En Machu Picchu quedan los restos de edificios que estuvieron cubiertos de oro, presumiblemente con jardines de fantasía, ídolos y ofrendas, como los del templo del Qorikancha en el Cusco. 

Quedan también otros templos y palacios, todos adyacentes y cuidadosamente construidos, cruzados por una red de finas fuentes de agua labradas en la roca, altares, observatorios cósmicos y múltiples espacios para el culto a los muertos, desde los que se puede gozar durante muchos días del año del espectáculo de los arcos iris que nacen y mueren muy cerca de los ojos. Se sitúa a 2 360 msnm y a unos 112 km por ferrocarril al norte de la ciudad del Cusco; es decir, a aproximadamente 1 000 m más abajo que esta, que está a 3 408 msnm.
El sitio era conocido como Picchu, Piccho, o Picho, durante la época colonial y constaba de dos partes: Machu ("viejo") y Wayna ("joven"). Picchu quiere decir "cerro" y, por lo tanto, el nombre es simplemente descriptivo. Bien pudo ser Patallaqta ("pueblo en lo alto"), que era el "pueblo" o la "casa" donde se guardaba la momia de Pachakuteq. En la ciudadela de Machu Picchu vivían pocas personas -probablemente no más de 200 o 300-, y, si la sospecha es cierta, todas ellas eran de alto rango y estaban ligadas al linaje del Inca; es decir, eran descendientes del fundador del Tawantinsuyu.
Según las tradiciones recogidas por los españoles, Machu Picchu debió de ser levantado bajo la dirección de Pachakuteq. No se conoce la secuencia del proceso de su construcción, pero parece haber sido la obra de un solo proyecto equivalente al de un santuario o una "urbanización" donde los espacios, niveles y formas fueron previamente establecidos, aun cuando en el curso de su existencia se hubieran corregido entradas o agregado recintos.
El contexto histórico
Machu Picchu es un asentamiento que fue construido por los incas en el siglo XV. Inca, o inka, es el nombre que se les daba a los habitantes de la cuenca del río Huatanay, en cuya ribera se levanta la ciudad del Cusco. Los incas, antes de esos tiempos, habían logrado formar un reino que dominaba la parte media del río Vilcanota.
El contexto histórico La historia según la arqueología
La arqueología registra dos fases en el comportamiento de los cusqueños, que han sido denominadas Inca Provincial, o Killke, e Inca Imperial. En la primera fase, la Provincial, la arquitectura y las demás artes no se habían desarrollado más allá de los límites domésticos que sustentaban una forma de vida local y básicamente aldeana. La manufactura era de configuración simple y de aspecto tosco, sin gran diferencia entre una vajilla ordinaria y una elegante. Esto cambió radicalmente en la fase Imperial, en la que fue ostensible la existencia de una manufactura de élite y de otra popular. Asimismo, los asentamientos de la fase Provincial, de aspecto aldeano indiferenciado, fueron desplazados por centros urbanos claramente elitistas, con edificios públicos y espacios sagrados lujosos, caminos empedrados, estaciones de servicio en las rutas entre los pueblos, depósitos y 
graneros para almacenar los bienes excedentes o los recibidos como tributos, etcétera. Machu Picchu pertenece, obviamente, a la fase Imperial.
El contexto en el cual fue instalada la ciudadela está directamente asociado a las condiciones de suntuosidad que nacieron con la formación del imperio de los incas. Si es que, en efecto, esta fue el mausoleo que escogió Pachakutec para mantener su cuerpo para la eternidad, se trata de una obra ciertamente equivalente a la que levantaron otras civilizaciones del mundo para sus héroes sagrados. Si no fue así, debió de ser una obra diseñada por un artista refinado para cumplir con una función diferente a la de cualquier otro asentamiento conocido en sus tiempos. Los incas construyeron varias ciudades en el Tawantinsuyu, todas ellas de arquitectura exquisita, pero ninguna con el deleite estético que tienen cada uno de los recintos y espacios de este santuario.
La historia de Pachakutec
De acuerdo con lo que sabemos de su historia, Pachakuteq fue el inca que, después de derrotar a los chancas hacia 1420-1430, inició la expansión de los sinchi del Cusco -su dominio antes sólo comprendía la región del río Vilcanota- para dar inicio al Tawantinsuyu. Pachakuteq fue, pues, el fundador del imperio de los incas.
Los chancas, quienes vivían al noroeste del Cusco, eran vecinos y enemigos tradicionales de los incas. Como parte de sus prácticas ancestrales, durante el mandato del inca Viracocha habían sitiado a los cusqueños. Los cantares incaicos hablan de míticos encuentros entre los guerreros de ambas naciones en los que las piedras se transformaban en hombres y los dioses apoyaban a los heroicos defensores del Cusco. Finalmente, Cusi Yupanqui, uno de los líderes 
cusqueños e hijo de Viracocha, asumió el comando de la guerra y venció a los chancas, momento en el que fue entronizado como Inca Yupanqui y bautizado como Pachakutec ("el que devuelve la tierra"). Desde entonces inició la expansión del Cusco y fundó el Tawantinsuyu, que incluía extensos territorios que abarcaban desde los de los yungas del Chimor, o Chimú, hasta los de los señoríos que existían alrededor del lago Titicaca.
María Rostworowski sospecha que Pachakuteq nació en Cusicancha, Cusco, de donde vendría su nombre originario de Cusi Yupanqui. Perteneció en su infancia a la Iñaca Panaca, pero luego fundó el Hatun Ayllu, al que se adscribieron sus descendientes. Según Juan de Betanzos, que escribió su crónica antes de 1550 y que quizá vio la momia del Inca, "sólo su cuerpo está el día de hoy en Patallacta el cual por sus miembros parece que era en su vida hombre de buen altor y gran estatura del cual se dice que murió de edad de ciento y veinte años". José de Acosta, que sí vio la momia, dice que "tenía en la cabeza una pedrada que le dieron en cierta guerra y que estaba canoso y no le faltaba cabello".
Luego de coronarse como Sapan Inca, Pachakuteq conquistó la región de los tampu, donde se encuentra el parque de Machu Picchu, y allí mandó construir este santuario.
Cronología
Se asume, en base a cálculos en los que no todos los estudiosos confían, que Pachakuteq se hizo del poder alrededor de 1430. La totalidad de los documentos que hablan sobre este inca le atribuyen la construcción del Cusco imperial, así como de la mayor parte de los grandes edificios de la región de los tampu, donde se encuentra Machu Picchu. Por esta razón, todos están de acuerdo en considerar que el santuario fue construido por él. Si esto es cierto, fue levantado en el siglo XV, no más de 100 años antes de la llegada de los españoles. Los estudios arqueológicos confirman estas presunciones y en ellos se incluyen fechados obtenidos mediante carbono 14 que coinciden en ubicar al santuario de Machu Picchu en el siglo XV.
El entorno natural
El entorno natural es boscoso, tropical y lluvioso. Se encuentra en medio de montañas de fuerte pendiente y está flanqueado por el profundo cañón que forma el río Urubamba a su paso por esta parte de la cuenca del Vilcanota. El Urubamba es el mismo río que da origen al Valle Sagrado de los Incas, transformado hábilmente con sistemas de riego, la canalización de su cauce y la habilitación de terrazas para fines agrícolas y habitacionales. En esta parte, sin embargo, se forma un cañón de tal profundidad y de laderas tan abruptas que sólo permitió la construcción de terrazas agrícolas. En medio de este paisaje se construyó la ciudadela de Machu Picchu.
El medio ambiente
El cerro Machu Picchu se levanta sobre la cadena de Vilcabamba, donde se sitúa, entre otros, el nevado Salkantay, a 6 271 msnm, considerado como apu o montaña sagrada de los incas, y quizá la más importante. El sitio mismo está situado a 2 360 msnm y a 13°1' de latitud sur, mientras que el cerro aledaño, el Wayna Picchu, está a 2 560 msnm y a 13o7' de latitud sur. El río Urubamba, en el punto que da inicio al ascenso hacia el santuario, donde se ubica la estación de ferrocarril, está a 2 000 msnm. El paisaje está configuradopor una serie de cerros y montañas de gran pendiente, con laderas casi verticales y quebradas profundas y estrechas por donde corren ríos sonoros y de aguas turbulentas.
Tiene un clima constante, templado, que oscila entre los 
10oC y los 21oC, con las temperaturas más bajas en las mañanas y las más altas al mediodía, y sin grandes cambios en el curso del año. Se trata de un ambiente húmedo, característico de esta sección oriental de los Andes.
El entorno natural Flora y fauna
Debido a su belleza natural y a la original y armónica intervención de los incas en el paisaje, pero también al hecho de que se encuentra en un área que aún es posible de ser preservada, el sitio y su entorno han sido declarados como un parque natural y cultural que ha sido incorporado a las zonas protegidas del mundo y que la Unesco ha registrado como Patrimonio de la Humanidad.
El santuario de Machu Picchu está en medio del bosque y tiene pocos espacios planos, de modo que para cultivar hubo que deforestar y construir terrazas. Según estudios recientes, aparte de maíz, también se sembraba coca en los andenes que rodean a la ciudadela. Del mismo modo, pudo cultivarse frutales y tubérculos de los tipos que todavía hoy se siembran en la zona, incluyendo la yuca y el camote.

El parque de Machu Picchu está conformado por diversas especies de árboles, helechos, yerbas, musgos y plantas de matorral. Junto con el pisonay y el aliso, este último un frondoso árbol muy popular en toda la sierra peruana, también podemos encontrar varias especies de coníferas y de árboles de hojas anchas que pueden alcanzar varios metros de altura. Las orquídeas ocupan un lugar muy especial, dado que hay, a lo largo y ancho del parque, más de 50 variedades de esta flor.
Este medio ambiente, boscoso, húmedo y caluroso, constantemente cubierto por niebla y lluvia, no era lugar propicio para la vida de los domesticados camélidos andinos, pertenecientes a climas secos y más bien fríos. Sin embargo, debido a que estos animales estaban consistentemente ligados a los incas, su presencia allí es incuestionable dado que debían cubrir el transporte frecuente de bienes entre el Cusco y Machu Picchu. Sus huesos se han encontrado en las tumbas exhumadas en el lugar y existen evidencias que permiten presumir que, además, eran parte de la alimentación de la población. Junto a estos huesos se han encontrado asimismo los de otros dos animales domésticos andinos, tales como el cuy, cavia o conejillo de Indias, y el perro, obviamente introducidos por el ser humano. El perro hallado en el parque, el Canis inga pecuarius, era una de las razas andinas que se parecían al collie y que quizá estaba ligada al pastoreo de los camélidos. Pero también se han encontrado huesos de fauna silvestre, como el marsupial comadreja, o zarigüeya; la vizcacha y otros roedores, y el venado. El parque de Machu Picchu es el hábitat de un gato montés pequeño pero muy agresivo con animales menores; del puma; de la nutria, gato de agua o mayu puma, y de los osos negro y de anteojos. De todos estos mamíferos silvestres, la vizcacha es en la actualidad el habitante más común de los roquedales de Machu Picchu, aun cuando había desaparecido cuando el santuario fue visitado por Hiram Bingham en 1911 por primera vez.
Como es propio de las selvas sudamericanas, los reptiles son también componentes significativos del bosque, especialmente las lagartijas y las serpientes. Los acompañan una gran variedad de insectos y, por cierto, de aves.
De la desocupación al descubrimiento
Todo indica que la ciudadela de Machu Picchu fue rápidamente deshabitada luego de 1540, cuando los españoles, en campaña contra los incas rebeldes de Vilcabamba, comenzaron su penetración en tierras cusqueñas. Vilcabamba está en la zona y es por ello que Hiram Bingham y sus contemporáneos del Cusco pensaron que se trataba de la "ciudad perdida" que sirvió de refugio a los célebres guerreros que mantuvieron la resistencia incaica hasta 1572, cuando el último de ellos, el inca Tupac Amaru, fue apresado y decapitado.
Picchu fue encomendado inicialmente a Hernando Pizarro y después a un tal Arias Maldonado, también en el siglo XVI. En 1565, cuando aún estaba vivo en Vilcabamba el inca Sayri Tupaq, muchos pueblos de la zona ya estaban deshabitados, 

según consta en una relación que publicó el historiador Richard Pietschmann en 1910 y que cuenta que Diego Rodríguez de Figueroa durmió en un despoblado situado sobre el camino que conducía a Picchu, este último probablemente también deshabitado. En esos tiempos la momia del Inca ya había sido secuestrada por los españoles para ser llevada a Lima.
Unos años más tarde, en 1568, los caciques de Picchu declararon que los pueblos y las tierras que allí se cultivaban eran "para sus sacrificios y cerimonias de los cuerpos muertos" y que habían sido abandonados desde hacía más de 30 años atrás.
La ocupación colonial En Machu Picchu no se han encontrado huellas claras de una ocupación española, salvo uno o dos hallazgos casuales y poco firmes, aunque no sería de extrañar que se hallasen objetos de las épocas colonial o republicana, pues el sitio estuvo siempre ligado a las propiedades que se atribuyeron los españoles luego de la invasión de 1534. La ciudadela, entonces, fue abandonada en esos tiempos y no antes, quizá entre 1534 y 1570, época de la resistencia incaica. Además, la zona de Vilcabamba, en cuyas proximidades está Machu Picchu, era punto de atracción para los españoles porque allí se refugiaban los incas rebeldes. Nadie sabe qué pasó, aunque tal vez algún día encontremos el relato de cómo el santuario fue quemado y destruido como parte del movimiento fundamentalista de la extirpación de idolatrías que se desató en esos tiempos y que, según Raúl Porras 

Barrenechea, "parece haber surgido propiciado por los sacerdotes del reducto de Vilcabamba y haberse propagado secretamente por todo el Perú durante el período del gobernador Lope García de Castro, hacia 1565".
Si así fue, Machu Picchu, como lugar notable cercano a la zona de Vilcabamba, era el punto más adecuado para desatar las furias evangelizadoras de los fanáticos frailes soldados que en aquellos tiempos apoyaban la guerra contra los incas alzados contra los invasores. La guerra contra los incas de Vilcabamba la terminó el virrey Francisco de Toledo en 1572. Y tan notable era el lugar que Hiram Bingham y sus contemporáneos del Cusco pensaron que Machu Picchu era la "ciudad perdida" donde se instaló el poder durante los casi 40 años que duró la guerra.
Las evidencias de incendios severos aparecen recurrentemente en la mayor parte de los recintos excavados en Machu Picchu por los arqueólogos de nuestros días. El someter al fuego a los infieles y a su parafernalia fue una de las más notorias prácticas de los frailes extirpadores de idolatrías. Algunos de esos restos podrían pertenecer a los provocados por la quema de plantas que halló Bingham en sus exploraciones de entre 1911 y 1915. Él mismo se encarga de decir que en varias partes había encontrado huellas de viejos incendios. La ocupación colonial El más considerable de ellos, que además presenta piedras labradas quebradas a golpes, es el que se produjo en la cima del adoratorio más visible y lujoso de la ciudadela de Machu Picchu, conocido hoy como el torreón, que era la cripta de algún personaje muy importante -como Pachakutec- y que tenía, seguramente, en la cueva hallada bajo este edificio, su momia preservada. Allí las piedras están termofracturadas por acción de un fuego intenso y sostenido. Quizá en la cripta, como en el templo de Pachacamac en Lima que destruyó Hernando Pizarro, sí había materia orgánica inflamable constituida por restos de animales sacrificados, plantas aromáticas, aceites y otros.
Los extirpadores de idolatrías se llevaron el oro que allí había y quemaron el resto. En la ventana norte del torreón quedan 
aún los hoyos que sirvieron para fijar el oro, que bien pudo tener la forma de una imagen del Inca, tal como lo dicen los cronistas, como la que al parecer hubo en el templo del Qorikancha en el Cusco, donde quedan huellas similares.
Si Machu Picchu fue el mausoleo de Pachakuteq, podríamos considerar que su destrucción se produjo después de 1550, época en la que, según el cronista Juan de Betanzos, todavía estaba la momia del Inca en "su casa" en Patallacta. En efecto, Juan Polo de Ondegardo sólo la pudo ver hacia 1560. Si seguimos a Raúl Porras Barrenechea en su historia de la extirpación de idolatrías, Machu Picchu pudo ser la primera víctima de esas vandálicas prácticas evangelizadoras. En las excavaciones realizadas por el equipo de Bingham en las cuevas donde fueron depositados los muertos de la época incaica se pudo advertir que al menos en dos de ellas había restos posteriores a la llegada de los españoles: en un caso (cueva 100) se halló lo que pudo ser un cuchillo de hierro -muy oxidado-; en otro, un hueso de vaca (cueva 56) junto a dos pepas de durazno, y, en otro más, los restos de una cuenta de vidrio verde (cueva 84). Si bien son hallazgos esporádicos y todos ellos provenientes de excavaciones que no estuvieron bajo el control de un arqueólogo, su presencia allí corrobora lo que los documentos dicen en cuanto a que el sitio era parte de una propiedad asignada a los españoles y que no era "desaparecida", como sugiere la mitología que se levantó después dEl descubrimiento de 1911.
El hecho de no haber encontrado nada de oro y de que todas las tumbas elegantes estuvieran desocupadas apunta a asumir que la destrucción de Machu Picchu pudo ser producto de la campaña de extirpación de idolatrías del siglo XVI. Sabemos que la momia de Pachakutec y las de los demás soberanos del Cusco fueron sacadas de sus lugares habituales y escondidas de los españoles junto con sus tesoros. Lo mismo ocurrió con las momias de las coyas -las "esposas" del Inca- y presumiblemente también con las de los otros miembros de la corte o de la panaca, cuyos cuerpos acompañaban al Inca en Machu Picchu. Las tumbas, incluida una "en forma de botella" que se encontró cerca de la plaza mayor, estaban vacías cuando las exploró Bingham. También había en el santuario muchas cuevas habilitadas como criptas, con muros finos y rocas labradas, todas desocupadas. Sólo estaban ocupadas, con sus muertos y sus magras ofrendas, las que estaban fuera del espacio sagrado.
Los testimonios escritos Machu Picchu era un centro urbano incaico y, consecuentemente, estaba habitado y activo a la irrupción de los españoles. No cabe duda razonable de que así fue. Su edificación no fue anterior a la instalación del incario; es decir, no tenía más de 100 años cuando la conquista española del Cusco, aun cuando en el santuario hubiera viviendas o instalaciones de tiempos más antiguos. Sin embargo, pese a haber sido un sitio muy importante, no se le menciona, ni tampoco se da cuenta de otros lugares, como Choqekirau, al otro lado del Salqantay, Tipón u otros tantos que hay en los alrededores. Sin embargo, en los escritos que se conocen del siglo XVI, algunos de los cuales han sido recientemente encontrados, y también en las crónicas -si la lectura de ellas la hacemos en conexión con los conocimientos actuales- hay referencias a la zona y presumiblemente al sitio.

Existen varios documentos del siglo XVI que hablan de Piccho, o Picho, en la zona donde se encuentra el santuario. En realidad, como dice John H. Rowe, fue Melchor Arteaga, el guía de Hiram Bingham, quien bautizó el sitio como Machu Picchu solamente, sin hacer referencia a que, junto con Wayna, formaba Piccho. Gracias a esos escritos sabemos que estaba cerca de la ruta a Vilcabamba, que los españoles buscaron para allí combatir a los incas rebeldes entre 1540 y 1571.Gracias a los estudios de Luis Miguel Glave y de María Isabel Remy hemos podido conocer un documento de 1568 que habla del "pueblo de Picho" y que menciona los terrenos cultivados por los incas y a los caciques que allí vivían. Por lo tanto, en 1568 todavía existía el pueblo que con toda seguridad es Machu Picchu. Dice el documento que ese territorio fue conquistado por Pachakutec Inca Yupanqui, quien se adjudicó la mayor parte de las tierras desde Torontoy, río abajo -esto lo ratifican Juan de Betanzos y Pedro Sarmiento de Gamboa-, y que el cacique del pueblo cultivaba coca. Hay otro documento de la misma época que menciona que los habitantes de Picchu tributaban coca a los españoles y también que en tiempos de los incas "lo que allí se cogía antiguamente servía para hacer sacrificios y rito a los cuerpos muertos como hera costumbre en este reyno hacerse entre ellos". Esto concuerda con la hipótesis de que el santuario pudo estar destinado al culto a los "cuerpos muertos", una posible referencia a las momias.Cuando se cruza esta información con lo que dicen los cronistas sobre la historia de Pachakutec, cobra importancia la hipótesis de que el santuario de Machu Picchu fue el mausoleo donde se guardaba la momia del Inca. Los testimonios escritos Todos los cronistas hablan de Pachakutec dado que él fue el fundador del imperio de los incas, pero quien trae noticias particulares sobre el emperador es Betanzos, cuya esposa, Angelina Coya Yupanqui, pertenecía a la nobleza incaica y al linaje de Pachakutec. Es este cronista quien más se ocupa de él y de su reinado, y quien ofrece detalles de su vida, sus costumbres e incluso su muerte. Menciona que su momia se hallaba en un pueblo llamado Patallacta, que había sido mandado construir por él mismo. Y debe de haber sido por testimonio de doña Angelina que Betanzos describe al Inca por lo que se veía de su momia como alto y entrado en años.
En la zona de Machu Picchu podemos encontrar varios pueblos llamados Patallacta, que quiere decir "pueblo en lo alto". Varias de las notas de Betanzos, que seguramente proceden de su esposa incaica pueden ser reconocidas en los restos arqueológicos.
Finalmente, el padre José de Acosta y el licenciado Juan Polo de Ondegardo vieron la momia del Inca, y este último se encargó de trasladarla a Lima por orden del virrey. Garcilaso de la Vega dice que la vio en el Cusco.
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